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Primeros días en el extranjero: cómo sentirse en casa

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maleta y instalarse en el extranjero© Sahil Pandita / Unsplash

Llegar a una nueva casa en el extranjero a menudo significa vivir las primeras 72 horas en una especie de limbo: la maleta sigue abierta, el barrio aún es desconocido e incluso los gestos más sencillos, como preparar el café y hacer la compra, requieren más energía de la esperada. Para sentirse menos en suspenso no hace falta tenerlo todo bajo control, basta con crear cuanto antes algunos puntos de referencia, desde un rincón personal hasta una rutina sencilla, para transformar un espacio nuevo en un lugar más familiar.

No tienes que organizarlo todo de golpe: empieza por crear una base

La primera tentación es querer poner orden por todas partes: abrir todas las maletas, decidir dónde va cada cosa, comprobar que funciona internet, buscar el supermercado más cercano, orientarte entre transportes y horarios, contestar a los mensajes de quienes preguntan «¿qué tal ha ido?». Todo a la vez y, a poder ser, antes de que termine el día. Pero intentar resolverlo todo de inmediato solo aumenta la sensación de caos.

En las primeras 72 horas el objetivo no es tener una casa perfecta, sino un espacio habitable. Empieza por lo esencial: una cama lista, algo para comer, el móvil cargado, una conexión a internet decente o, al menos, un plan B. Lo demás puede esperar. Parece poco, pero cuando todo a tu alrededor es nuevo, poder prepararte un desayuno sencillo o llamar a casa con el móvil cargado marca la diferencia.

La casa todavía no tiene por qué «parecerse a ti» del todo. Solo tiene que dejar de parecerte un sitio provisional en el que has acabado por casualidad.

Ordena el dormitorio y, después, el resto

De todas las habitaciones, el dormitorio es la que merece la prioridad. No porque tenga que estar perfecto, sino porque es el lugar donde termina el día. Y en los primeros días en el extranjero las jornadas pueden hacerse largas, llenas de pequeñas decisiones, imprevistos prácticos y momentos en los que te preguntas si has tomado la decisión correcta.

Hacer la cama, sacar el pijama, tener a mano una botella de agua, el cargador, un libro o algún objeto familiar no es un detalle estético. Es una forma de decirle al cuerpo: ya puedes parar. Aunque el resto de la casa todavía esté por organizar, tener una habitación en la que cerrar la puerta y respirar cambia el tono de la noche.

La primera noche en una casa nueva no siempre es reparadora. Los ruidos son distintos, el colchón es distinto, la luz es distinta. Pero dormir en un ambiente mínimamente ordenado ayuda a sentirse menos de paso.

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Crea un rincón que te permita respirar

No hace falta amueblar la casa en los tres primeros días. Es más, conviene evitar la idea de tener una «casa perfecta ya», porque solo añade estrés a una etapa que ya tiene bastante. Pero un pequeño rincón personal sí, eso sí hace falta.

Puede ser la mesilla, un lado del escritorio, una estantería o la mesa donde desayunas. Coloca ahí pocas cosas, pero las adecuadas: una taza, un libro, una foto, una crema, los auriculares, una lamparita, algún objeto que te hayas traído de tu país… algo que reconozcas y que te haga sentir seguro.

En los primeros días, una casa nueva puede hacer tambalear tus equilibrios. Tener un rincón «familiar» no lo resuelve todo, pero ayuda a sentirse menos en el aire.

Haz una compra sencilla

La primera compra en el extranjero puede ser más agotadora de lo previsto: marcas desconocidas, etiquetas que hay que descifrar y una variedad de productos distinta a la que estás acostumbrado. Precisamente por eso, al principio conviene ir a lo básico: productos sencillos, reconocibles, que se encuentran en cualquier parte y que no exigen demasiadas decisiones.

Es mejor empezar por una compra esencial, pensada para aligerar las primeras 48 horas: agua, café o té, pan, leche, algo para el desayuno, fruta, pasta o arroz, ingredientes para preparar una cena fácil, algún snack, papel higiénico, detergente y bolsas de basura.

Añade al menos un capricho: galletas, chocolate, algo que te recuerde a casa o cualquier cosa que, según tus gustos, te apetecería comer en un mal día. En los primeros días el ritmo es ese: comer, dormir, recomponerte y aprender poco a poco a moverte por el barrio nuevo. Todo lo demás puede llegar después.

Localiza dos o tres puntos de referencia cerca de casa

Da una vuelta corta por los alrededores y anota mentalmente las cosas que de verdad puedes necesitar: una farmacia, una parada de autobús, metro o tranvía, un bar tranquilo, una cafetería, un parque o una lavandería si no tienes lavadora. No hace falta explorar todo el barrio ni encontrar enseguida los mejores sitios. Al principio basta con saber adónde ir cuando necesitas algo.

Al cabo de unos días descubrirás locales más bonitos, calles más cómodas, tiendas más económicas o sitios que encajan más contigo. Pero en las primeras 72 horas lo importante es construirte un pequeño mapa mental: saber dónde coger un transporte, dónde entrar si necesitas algo práctico y hacia qué lado tirar para volver a casa sin mirar el móvil cada tres minutos.

Son detalles sencillos, pero ayudan. Pensar «por ahí encuentro algo para comer» o «por aquí vuelvo a casa sin perderme» puede ser suficiente para sentirse un poco menos desorientado.

Cierra la maleta, aunque no esté todo perfecto

Hay un gesto pequeño, pero muy concreto: cerrar la maleta. Mientras siga abierta en el suelo, con la ropa que vas cogiendo al vuelo cada mañana, una parte de ti se queda en modo provisional.

No hace falta tener ya el armario montado: puedes usar una silla, un cajón, una percha… Lo importante es sacar las cosas de la maleta y darles un sitio, aunque sea temporal. Vivir semanas con el equipaje abierto parece práctico, pero a menudo refuerza esa sensación de precariedad que ya acompaña tantos comienzos.

Deshacer la maleta significa reconocer que, al menos por ahora, estás aquí. Y ese «por ahora» merece un mínimo de cariño.

No busques enseguida la sensación de hogar

Es probable que, después de 72 horas, la casa nueva todavía te resulte extraña. Quizá sigas buscando el interruptor en el lado equivocado, olvidando dónde has dejado las llaves o despertándote por un ruido que no reconoces. Es normal: la familiaridad no llega porque lo hayas ordenado todo, sino porque empiezas a repetir pequeños gestos en el mismo espacio.

Aquí ayuda mantener al menos una rutina de tu vida anterior: no para aferrarte a lo que has dejado, sino para no tener que reinventarlo todo desde cero. Un paseo, una llamada o un gesto que haces siempre a la misma hora del día pueden convertirse en una pequeña continuidad mientras todo lo demás cambia.

Al final, en las primeras 72 horas no tienes que resolverlo todo. Te basta con hacer unas cuantas cosas esenciales: preparar la cama, comprar lo necesario para comer sin estrés, localizar dos o tres puntos útiles cerca de casa, cerrar la maleta y darte tiempo para orientarte. La sensación de hogar llegará después, poco a poco.

Vida de cada día
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Francesca
Sobre el autor

Desde 2012 gestiono la comunidad italiana de ÌìÃÀÂé¶¹, donde acompaño cada día a italianos que ya se han expatriado o están a punto de trasladarse al extranjero. A través de los foros, respondo a sus preguntas sobre temas clave como trabajo, vivienda, sanidad, educación, fiscalidad, trámites burocráticos y vida cotidiana fuera de Italia. Mi papel consiste en escuchar, orientar, compartir recursos fiables y facilitar el contacto entre expatriados para fomentar el intercambio de experiencias. También escribo artículos para la revista de ÌìÃÀÂé¶¹, abordando temas fundamentales para los italianos en el mundo, como la transmisión del idioma italiano a los hijos nacidos en el extranjero, las relaciones interculturales y la identidad italiana en el exterior, las oportunidades de estudio y empleo para los jóvenes italianos fuera del país, la asistencia sanitaria para los expatriados italianos y la burocracia italiana para quienes viven en el extranjero (registro AIRE, documentos, renovaciones, etc.). Además, gestiono la sección de la revista dedicada a las entrevistas con italianos que viven en el extranjero: una auténtica fuente de información sobre la vida fuera de Italia, contada en primera persona por quienes la han vivido y desean compartir su experiencia para ayudar a otros italianos en su proceso de expatriación. A lo largo de los años he entrevistado a perfiles muy diversos, entre ellos estudiantes, profesionales, emprendedores, jubilados, familias con hijos, responsables de los Centros de Cultura Italiana en el extranjero, directivos de las Cámaras de Comercio Italianas en el mundo y miembros del Com.It.Es. He colaborado también en la organización de diversas iniciativas que han recibido una amplia cobertura por parte de la AISE (Agencia Internacional de Prensa del Extranjero), la agencia de noticias nacional Nove Colonne, ComunicazioneInform.it e ItaloBlogger.com, en calidad de representante de los expatriados italianos en el mundo. Un reconocimiento que pone en valor mi compromiso con la promoción de la cultura italiana y la creación de vínculos comunitarios sólidos y significativos.

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