A veces tendemos a ver a los expatriados de una manera más o menos caricaturesca. Se ganan bien la vida, disfrutan de una calidad de vida envidiable. O, por otro lado, una imagen más humanista, un viajero en busca de significado. Alguien que quiere descubrir y comprender una nueva cultura. Sin embargo, olvidamos que, sobre todo, los expatriados aún están sujetos a las normas de sus paÃses de acogida y que pueden ser deportados.
¿Extraño? No es para la Unión Europea. Los Estados miembros se reservan el derecho de expulsar a cualquier persona que viva en su territorio durante menos de cinco años, sin ser estudiante ni empleado. De hecho, el expatriado necesita trabajar o estudiar: no puede estar inactivo.
A veces, incluso cuando uno está trabajando y disfruta de un buen lugar en la sociedad, un cambio en la legislación puede dejar a los expatriados colgando.
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¿Cambio de dirección? No olvides informar
El expatriado debe ser fácilmente ubicado. ¿Un cambio de domicilio? Se debe registrar el cambio lo antes posible ante las autoridades competentes. En Japón, el expatriado debe ir a su antiguo ayuntamiento y a su nuevo ayuntamiento. Tiene unos quince dÃas para completar esto. Es difÃcil imaginarse ser expulsado por olvidar un cambio de dirección. Sin embargo, sà ha sucedido en Japón y Canadá. Alegan su buena fe, pero las autoridades blandieron la ley: necesitan poder localizar a los expatriados lo más fácilmente posible.
Hay que tener cuidado con lo que constituye y no constituye el acoso en diferentes paÃses. Cuando un expatriado español pierde repentinamente el contacto con su novia japonesa, se preocupa y le envÃa algunos mensajes de texto. Sin respuesta, se asusta y decide visitarla. Esa es su versión de cómo fueron las cosas. Pero aun asà fue arrestado por la policÃa por acoso y ahora está en riesgo de ser deportado.