Hola Javier y hola a todos los que os asomáis a este mi pequeño rincón indonesio.
Como bien dices, vivir en Indonesia, al igual que en cualquier otro país extranjero, significa impregnarse de la cultura y el estilo de vida del país. Hay quien no lo hace, es verdad, quien prefiere ceñirse, en la medida de lo posible, a su círculo y a sus costumbres. Yo creo que las oportunidades sólo se dan una vez y que no tendremos tiempo suficiente para aprender todo lo que otros pueblos pueden enseñarnos.
Así que, en ello estoy. Asia sigue siendo bastante desconocida para los occidentales. Y concretamente sobre Indonesia… ¿alguien ha oído hablar de muchas más islas que no sean Java o Bali? El estilo de vida de ellas, dista bastante del resto del archipiélago.
Yo vivo en la ciudad de Makassar, en la isla de Sulawesi. Adaptarse no es tan complicado como muchos piensan, sólo hace falta algo de buena voluntad. Bueno, también, un poco de humor, pérdida del sentido del ridículo, algo de estómago para lo que ves, otro poco para lo que ingieres y muuuucha paciencia. Pero no, no hay que asustarse, merece la pena el intento.
Lo primero que te llama la atención es la tranquilidad con que se lleva todo. Si quedas a las 10, llega a las 11, aún así serás de los primeros. Ni siquiera hace falta que le eches la culpa al tráfico el cual, por cierto, parece caótico, pero de eso nada. Se conduce por la izquierda, pero todo el mundo va por donde mejor le viene, hasta de frente en dirección única.
Y no pasa nada, como todos hacen lo mismo, van con cuidadito, se paran para dejarte hacer, y si no, sale al medio de la carretera cualquier persona de a pie y detiene todo el tráfico para ti. Y nada de pitidos o insultos. No, naaaada, y eso, de verdad, es un alivio. Si te pasas de calle, no tienes que ir al quinto pepino a girar. Lo haces in situ y ahorras la mar de tiempo además de la sofoquina.
Caminar, como que no, porque las aceras, si es que existen, están llenas de ladrillos de obras, de baches, de coches y motos aparcadas, de gente comiendo o durmiendo la siesta en el suelo… pero eso tampoco preocupa porque con 35 grados y 90% de humedad, a quién se le ocurre pasear si no es por un centro comercial.
Lo que sí me preocupa es esa vida en la calle, junto a conductos de desagüe abiertos para evitar inundaciones en la estación lluviosa, pero ellos no entienden por qué me inquieta.
No hay bares para tomarse cervecita con tapa, pero restaurantes cientos y chiringuitos callejeros miles. ¿Qué no puedes probar nada porque todo está rabiosamente picante? No es cierto, en muchas partes tienen su barbacoa y te hacen un pescado maravilloso que no cabe en la fuente por lo que allá te cobrarían por un “happy meal”. No te dan patatas, es verdad, pero arroz blanco, el que haga falta, y hasta gratis. Eso sí, insiste en que ni antes ni después de hecho le pongan el picante. O mejor, como no conciben comer sin pique, di que lo pongan aparte, así se quedan tranquilos y tal vez, sólo tal vez, lo consigas.
¿Que no puedes mirar a tus vecinos de mesa porque no se estilan los cubiertos y comen todos con las manos del mismo plato? Pues no miras, y punto. Tú usas un tenedor y, a falta de cuchillos, la cuchara, y sanseacabó. ¿Que las servilletas no son de lino sino un rollo de papel higiénico dentro de un estuche plástico? Oye, pues así puedes usar todas las que quieras.
Y el quitarse los zapatos para entrar en las casas y en muchos establecimientos y dejarlos al barullo en la entrada: al principio es un engorro agacharse, desabrocharse la hebilla, que te caes al hacer equilibrios… pero luego, te compras unas chancletas, como todo el mundo, y asunto solucionado, no te imaginas lo que agradecen los pies el suelo fresquito de vez en cuando.
Y hablando de fresquito: ellos no entienden por qué a los extranjeros nos gusta ir a la playa a ponernos morenos y nosotros, cómo pueden bañarse ellos vestidos de arriba abajo. En el fondo, ni una cosa ni otra importa, porque lo verdaderamente impresionante es el paisaje: palmeras o cocoteros casi en el agua cristalina y tal vez algún volcán en el frente. El único pesar es esa costa de plásticos olvidados o arrastrados por las mareas.
Otras veces nos vamos de boda. ¿Emplear dos meses y un fortunón para buscar modelito? De eso nada, lo alquilas el mismo día. Con ir un par de horas antes, no hace falta ni reservar. Claro que hay de tu talla, un sarong (parecido al pareo) como falda y un blusón ancho es todo lo que vas a necesitar. ¿Y aguantar en la mesa a desconocidos durante horas? De eso tampoco, comes de pie, acabas, te despides y estás cumplido.
Y ya no tienes que cocinar en casa, que da un poco de pereza que las cocinas estén en un patio descubierto. Me doy una duchita con cuidado de no mojar todo el baño, porque no se estilan los platos de ducha ni las cortinas, y hale, a descansar, que son las 6,30 de la tarde, y ya da no se qué salir, que es noche cerrada. Además, no conviene trasnochar, que a las 5,30 de la mañana ya estás despierta, si no es por el sol es por la llamada al rezo de las mezquitas cercanas.
Aunque yo, a eso de madrugar sí que no me acabo de acostumbrar, así que me tapo la cabeza con el edredón, porque como hay que dormir con aire acondicionado, no hay sábanas de arriba en las tiendas, y me vuelvo a dormir hasta que el wasap de algún amigo deseándome un buen día a las seis y media o siete de la mañana, me termina despabilando. ¿De veras creen que sonándome el móvil a esas horas tendré humor para pasar un buen día? Pues como la intención es buena, hale, a levantar, que a quien madruga, Dios ayuda.
En cuanto al idioma, he de decir que me encanta. Tiene muchas palabras parecidas al español y la pronunciación es prácticamente igual, con lo cual, aprender lo básico es relativamente fácil. Cómo no divertirte cuando, sabiendo que les gusta sentar en el suelo, estudias que “silla” se dice “kursi”. O cuando aprendes que “calcetín” es “kaus kaki”, lo que literalmente significa “camiseta de pies”….
En fin, contándoos estas pequeñas diferencias cotidianas, podría seguir horas y horas. Por supuesto que me he hecho a la mayoría de sus hábitos. Dice el refrán que a donde fueres haz lo que vieres, y ya veis que quien se queja es de vicio. Todo en este mundo tiene un por qué y una solución. Y si alguna vez no la hay, pues qué se le va a hacer, no hay otra que pasar el trago, si otros pueden, tú también.
Que ¿con qué me quedo? Con la gente, sin duda alguna. Te reciben con una sonrisa, te ofrecen, de corazón, su casa y su comida. Respetan tus costumbres, tus pensamientos y tu religión. Te ayudan hasta límites insospechados…
De ellos, desde el primero hasta el último, ¡estoy aprendiendo tanto sobre la vida! De lo que es importante y lo que no, lo que es necesario y lo que no. De lógica, de humildad, de respeto, de generosidad, de sacrificio…
¿Qué si me está mereciendo la pena sudar a chorros, esquivar a algún lagarto en mi propia urbanización o privarme del jamón serrano? Cada uno de vosotros tiene la respuesta.
Un abrazo a todos, y aquí me tenéis, a vuestra disposición, si os he convencido para visitar este increíble país, aunque sea virtualmente. No os arrepentiréis.
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